Este proyecto nace de la necesidad de dotar de autonomía y movilidad a los equipos voluntarios que trabajan en la zona de Malanje (Angola). Tras años dependiendo de recursos externos, la adquisición de un vehículo propio permite dar respuesta inmediata a las necesidades de las comunidades rurales con las que colaboramos en la iniciativa “El arte de cultivar nuestro entorno”.
La intervención se desarrolla en tres aldeas situadas a unos 30 kilómetros de la ciudad, donde la falta de transporte dificultaba hasta ahora el seguimiento técnico y humano. Con este recurso, se garantiza la presencia continua para supervisar el trabajo agrícola, facilitar el transporte de materiales de cultivo y asegurar el acompañamiento constante a la población local.
Los beneficiarios directos son las familias campesinas de estas tres comunidades, quienes reciben formación para trabajar la tierra en régimen comunitario y cooperativo. Gracias a la movilidad que aporta el vehículo, también es posible impulsar un programa de alfabetización en una zona donde el 80% de la población no sabe leer ni escribir, además de asegurar el mantenimiento de los pozos y sistemas de riego esenciales para estas aldeas.

